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Dolor persistente

Cuando un dolor lleva meses, deja de comportarse como una lesión reciente. Entender por qué sigue ahí no es un detalle: es parte del tratamiento.

Qué es

Hablamos de dolor persistente o crónico cuando se mantiene más allá del tiempo esperable de curación de los tejidos, normalmente más de tres meses. En estos casos el dolor ya no refleja solo un daño en la zona, sino también cómo el sistema nervioso ha aprendido a procesar esa señal.

Por qué aparece

Puede empezar por una lesión concreta que no terminó de resolverse, pero se mantiene por una mezcla de factores: sensibilización del sistema nervioso, miedo al movimiento, falta de actividad, descanso o estrés. No significa que sea mental ni que te lo inventes: el dolor es real, pero su origen es más amplio que un tejido dañado.

Qué se puede hacer

El abordaje empieza por entender tu caso y por explicarte qué está pasando, porque comprender el dolor ya ayuda a reducirlo. A partir de ahí se trabaja con exposición gradual al movimiento, recuperación de actividad y ejercicio adaptado, junto con pautas para recuperar autonomía. El objetivo no es solo que duela menos, sino que vuelvas a hacer lo que el dolor te había quitado.

¿Crees que este es tu caso? La valoración inicial sirve para confirmarlo y empezar con un plan pensado para ti.

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